lunes, 8 de noviembre de 2010

LLEGAREMOS A TIEMPO...

La historia tiene esa puta costumbre de llevarse a los hombres que hacen algo por ella. Pasan varios días desde que ese animal político llamado Néstor Kirchner desapareció fisicamente, para reflejarse en las pupilas de un piberío que promete llevar su bandera a cada rincón del país.
Mientras tanto la mañana mendocina se cubre de gris, quizás como yo, sienta la nostalgia de saber que el pinguino ya no esta. Todavía prendo la tele rezando con despertar y enterarme de que todo fue un mal sueño. Pero no, el tipo que nunca conocí, pero adopte como amigo se me fue, y yo, yo no se que hacer con tanta tristeza anudada en la garganta. Tengo ganas de gritar con toda mi fuerza para que la gente se entere todo lo que ese señor hizo por mi. Me gustaria decirles que antes de que Néstor llegara, yo no hablaba de política, porque no creía en ella. Contarles que crecí pensando que la deuda externa era más importante que el hambre del pueblo. Explicarles que nunca entendí porque a mi viejo se le entibiaban los ojos al hablar de la dictadura, hasta que Néstor bajó los cuadros de la ESMA. Me gustaría decirles que me crié viendo a mi vieja ser reprimida por pedir lo que era suyo, pensando que los pobres siempre serían pobres, puteando porque a mi abuela no le alcanzaba para los medicamentos, llorando desconsoladamente ante el dolor que significa tener a un hermano a un océano de distancia. Quisiera mirarlos a los ojos, que se enteren que antes de él, los pibes no teníamos lugar para la imaginación, que nadie nos había enseñado a creer, a soñar, a intentar construir un país mejor. Me gustaría decirles, que leía al Che e intentaba construir en mi cabeza una latinoamerica unida, sin discriminación. Nunca pude, hasta que ese señor con el ojo desviado se abrazo con sus hermanos de Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, venezuela, Ecuador, Colombia, Bolivia. Hasta que Evo con su tristeza infinita dijo que sudamérica se quedó huérfana. Si pudiera les contaría que cuando todavía no había descubierto el inmenso placer de la lectura, pensaba en el fourtrax, en el equipo de música, en las zapatillas importadas. Gritaría muy muy fuerte, y le contaría al mundo que él me hizo inmensamente más rico, porque me regaló la humilde fortuna de la esperanza y me dejó la herencia más importante, el amor por la Argentina.
Pasan Varios días sin vos Néstor, y yo, yo de a poco voy entendiendo que hacer con tanta tristeza. La escucho a Cristina y reconozco en ella tu voz. En su mirada descansa tu fuerza,tu constancia, tu valor. De a poquito la tristeza se transforma en alegría, en ganas de levantarse y salir a gritar. Con el correr de las horas me empiezo a convencer, que de a poco vamos a llevar adelante tu modelo. Si Néstor, aún con tu partida llegaremos a tiempo, porque hoy, la política dejó de ser insulto y mala palabra.

Mauro Sturman

jueves, 4 de noviembre de 2010

La Inflación de todos, la inflación de algunos pocos

Hace tiempo que en la Argentina la inflación es tema de debate. Políticos, economistas, periodistas, pero también obreros, abogados, oficinistas se encuentran en bares, cafés, livings ocasionales para discutir, disentir, o pelear sobre el tema. Que el INDEC actúa entre las sombras distorsionando los números, que las consultoras muestran una inflación mayor, que es todo un manejo político. Diariamente, la mayoría de los medios (un 83% de los mismos pertenecen al monopolio Clarín) invitan a sus mesas, a sus columnas, a sus micrófonos, a economistas que utilizan un léxico elevado para el común de la sociedad, para que expliquen el desarrollo de la inflación. Generalmente, todo termina en una serie de acusaciones contra el gobierno, muchas veces sin explicar el trasfondo económico de la cuestión.
Técnicamente para ingresar en el tema, la definición de inflación sostiene que es un aumento persistente, sustancial y general del nivel de precios de los bienes en un sistema económico o si se quiere, un aumento o una disminución del valor del dinero, en relación a la cantidad de bienes y servicios que se pueden comprar con ese dinero. Sin embargo, nadie por estos días se encarga de desentrañar el papel de los monopolios, el empresariado y las grandes corporaciones con respecto a la inflación
Argentina, hace algunas décadas, es un país manejado por pocas manos, que deciden el destino político, económico y social de la nación. Estos hombres, dueños de grandes corporaciones se benefician con una falla de mercado como son los oligopolios y los monopolios.
 En nuestro país, las grandes empresas determinan a través del costo de sus productos, el precio de los productos de empresarios más chicos. El mercado lácteo hoy, es dominado por La Serenisima y la multinacional Danone, dos empresas líderes que controlan más del 73% de la industria láctea local. La industria cementera en Argentina, es controlada en  un 96%  por las gigantes Loma Negra (48%), Minetti (31%) y cementos Avellanada (16%).El sector petroquímico es dominado por la firma PBB (Polisur) en un 94%, mientras que en la fabricación de tolueno (utilizado en combustibles y como solvente) existe una situación duopólica entre Petrobras (51%) y Repsol (44%). Las comunicaciones móviles, se encuentran dominadas totalmente por 3 empresas como lo son MoviStar, Claro y Personal, mientras que la empresa siderúrgica de la Argentina, también se encuentra liderada en un escalofriante 86% por la empresa Ternium Siderar del grupo Techint, la cual domina también gran parte de Sudamérica.
A simple vista, puede entenderse que en todos los casos se tratan de insumos para fabricar bienes, o productos de primera necesidad como ocurre con el sector lácteo Alguien podría argumentar que se trata de actividades que por su naturaleza deben ser monopólicas (u oligopólicas). Entonces, tal como lo señalara el diputado John William Cooke, si alguna forma de producción o explotación de servicios requiere el monopolio, entonces debe ser el Estado quien los controle.
Es evidente, que al controlar insumos únicos e indispensables para la construcción, el alimento o la comunicación, las corporaciones fijan precios excesivos debido a que no tienen competencia en el terreno. Esto genera que los empresarios con menos poder adquisitivo deban comprar a altos precios los insumos necesarios para su industria y así aumentar el precio de sus productos, generando una inflación que es controlada por un grupo de empresas que aumenta o disminuye sus precios basándose en intereses que además de económicos, también son políticos.

Mauro sturman